“Es
preciso ubicarse entre la nostalgia
conservadora
y la utopía ingenua”
ROGER
CHARTIER
Las
formas de leer, escribir y alfabetizarse han sido muy variadas en la
historia humana. Desde la invención de la escritura en el mundo
antiguo, la alfabetización ha recorrido una pluralidad de formas,
métodos, definiciones, exigencias y posibilidades hasta llegar a
nuestra época. Cada sociedad, cada cultura, en cada momento
histórico le ha dado un sentido diferente a la práctica de leer y
escribir. En el Egipto de los faraones, los escribas eran unos pocos
funcionarios al servicio del monarca-dios y los papiros eran
preparados por otras manos artesanas. La escritura era una práctica
política, una labor al servicio del poder. Cincuenta siglos después,
la sociedad argentina entraba al año 1900 de nuestra era con una
estructura social similar: las decisiones
-incluyendo la de alfabetizar al pueblo- era tomada por la elite
letrada. Recorrer
la historia de la cultura escrita es recorrer
la historia de la desigualdad, proceso asociado a estrategias de
distribución del poder político, económico y cultural y a las
finalidades y acciones de los sistemas educativos.
LEER,
ESCRIBIR, ALFABETIZAR(SE): ¿CÓMO DAR LAS BATALLAS?
La
imprenta, al inicio de la modernidad eurocentrada, la política de
creación y expansión pública después de la Revolución Francesa
en 1789 -en su lucha ideológica y cultural contra el antiguo régimen
feudal-, las exigencias de la evolución de la sociedad industrial,
la máquina de escribir, la computadora y ahora el teléfono celular
han sido novedades técnicas, políticas y económicas que han
impactado sobre los pueblos de distinta manera, afectando fuertemente
lo que se define como alfabetización y como educación en general.
Como dice claramente Emilia Ferreiro, “los verbos leer y escribir
no tienen una definición unívoca, son verbos que remiten a
construcciones sociales, a actividades socialmente definidas”
(FERREIRO E.,
2001, p.
7). Hay formas de leer y
escribir diferentes en cada cultura, en cada país y hay formas
diversas de leer, escribir y comprender en cada profesión, en cada
actividad, en cada
corriente pedagógica y en cada organización social.
La misma autora nos
plantea pensar si hoy estamos frente a una renovación o una
revolución en los modos de leer y escribir. Casi veinte años
después de iniciado ese debate pedagógico y con toda la experiencia
acumulada, tenemos que rediscutir qué sentido político
se le ha dado a las propuestas renovadoras
y qué resultados hemos tenido en nuestras escuelas y en nuestra
sociedad.

Ponerse
de acuerdo en un concepto de alfabetización no es fácil, para
algunos autores es imposible. Pero podemos buscar acordar algunos
criterios básicos. La traducción castellana del inglés literacy
ha sido alfabetización, pero en otros sentidos esa idea puede
significar letrado, ilustrado, instruído, y otra discusión es que
nivel de lectura, escritura y comprensión son necesarios para ser
considerado alfabetizado o instruído. Berta
Braslavsky explica que hay más de una treintena de concepciones de
alfabetización, pero podemos subrayar de su trabajo dos posiciones
sobre esta cuestión educativa fundamental: por un lado, los que
entienden la alfabetización en sentido elemental, como desarrollo de
las capacidades básicas de lectura y escritura, y por otro, los que
entienden la alfabetización en sentido amplio y metafórico como
“el proceso cognitivo-creativo de comprensión y
reelaboración del universo perceptivo simbólico-lógico-imaginativo”.
Contra esta noción ampliada -que se puede ver en diseños
curriculares ambiciosos de fines de los ´90-, la autora señala
“deliberada oposición de dos asociaciones científicas de gran
trascendencia, IRA y NAEYC”, la Asociación Internacional de
Lectura y la Asociación Nacional para la educación de los niños
pequeños de EE.UU (BRASLAVSKY, 2003, p.5). Si se quiere, esta
tensión pedagógica es la que ha atravesado a la escuela pública en
los últimos años: por un lado, los gobiernos y sus funcionarios
-lectores simplistas y acomodados de pedagogías renovadoras- le han
exigido a los docentes amplitud, flexibilidad, apertura e inclusión,
y por el otro, la sociedad y los padres le reclaman la enseñanza de
cuestiones básicas y exigencias que no pueden obviarse. ¿Cómo
resistir y profundizar la batalla en los dos frentes?.
CONCEPCIONES
DE LA LECTURA Y LA ESCOLARIZACIÓN
¿Qué
representaciones tenemos sobre la lectura?. Para Daniel Cassany,
existen tres maneras de entenderla: la concepción lingüística
que nos plantea que “leer es recuperar el valor semántico de cada
palabra y relacionarlo con el de las palabras anteriores y
posteriores”; la concepción psicolingüística, que nos
aclara que a veces “entendemos cosas que no fueron dichas”
(CASSANY D., 2006, p. 3), porque el sentido se separa de su acepción
semántica, y la concepción sociocultural, que afirma que
detrás de un discurso, de un autor y del lector hay puntos de vista,
ámbitos institucionales y que
“Tanto el significado de las
palabras como el conocimiento previo que aporta el lector tienen
origen social. Venimos al mundo con la mente en blanco; quizá
tengamos una capacidad innata para adquirir el lenguaje, pero sólo
la podemos desarrollar al interactuar con una comunidad de habla
determinada: catalana, occitana, quechua, purépecha o cualquier
otra. Quizá las palabras induzcan el significado, quizá el lector
utilice sus capacidades diferenciales para construirlo, pero todo
procede de la comunidad” (CASSANY D., 2006, p. 6)
Las
pedagogías críticas -Paulo Freire, Iván Illich y otr@s- en el
último medio siglo han reclamado de distintas maneras a la escuela
que salga de las lógicas pedagógicas tradicionales y que se inserte
con mayor realismo en la comunidad. Algunos han denominado ha ésto
desescolarización, y si bien es cierto que las prácticas
educativas renovadoras de muchas organizaciones populares han servido
como ejemplo para cambios políticos y culturales importantes,
también es cierto que sigue siendo una tarea cotidiana pensar la
desescolarización en forma metafórica: salir de la
escolaridad tradicional, cerrada y esquemática y construir una
escolaridad realista, crítica, abierta, democrática y comprometida.
Una
dimensión subjetiva que afecta tanto a docentes y alumnos como
lectores y escritores es la noción de experiencia, acontecimientos
singulares que nos transforman, deja huellas, marcas.
RESPONSABILIDADES,
LECTURAS POLÍTICAS Y DUDAS RESILIENTES
“El
peor analfabeto es el analfabeto político”
BERTHOLD
BRECHT
La
escuela no es la única fuente de alfabetización y formación. El
modelo de análisis socioconstructivista con el que coincidimos nos
muestra que el hogar es fundamental en las primeras etapas de la
educación y que la tarea educativa es responsabilidad compartida de
la escuela, la política gubernamental y la sociedad. Braslavsky
repasa la definición de alfabetización difundida por Naciones
Unidas, que entiende esta labor como un “largo proceso que
comprende todo el desarrollo humano...que mucho tiene que ver con la
escuela... pero que también depende de la sociedad y de la política”
(BRASLAVSKY B., 2003, p.3). Citando a Richard Venezky, la misma
autora nos dice que “la política afecta la definición de
alfabetización y viceversa, el tipo de definición y el tipo de
involucramiento de la política afecta la financiación”. Un estado
que, con suerte, sólo entiende por alfabetizar sólo aprender a leer
y escribir y desarrollar algunas capacidades básicas, no invertirá
mucho en la educación pública. Menos, la política que ajusta y se
lava las manos y echa todas las culpas a los docentes. Necesitamos
cambiar esta historia. Necesitamos releer y repensar aquellos
forjadores de las políticas educativas como Juan Francisco Seguí,
Marcos Sastre y Alejo Peyret que, en épocas de la Confederación
Argentina, anticipaban que sólo el despliegue de la educación
popular multidimensional, soberana y federal iba a ser parte de los
cimientos de la República y la Democracia que proclamamos y que
todavía anhelamos. La educación no puede sola cambiar toda la
estructura social, pero no habrá democratización sin una política
clara y real de desarrollo educativo.
Siguiendo
una categorización propuesta por Jacques Ranciere, creemos que
muchos funcionarios y actores institucional han hecho una lectura
policial de las pedagogías renovadoras, y han evitado una lectura
política y democrática de los mismos. Esa lectura reduccionista y
simplista ha señalado culpas sólo en la escuela y sólo en los
docentes por los denominados fracasos educativos y sociales. En este
trabajo queremos decir lo contrario: con sus bemoles, la heterogénea
resistencia pedagógica desarrollada en nuestras escuelas ha evitado
que la debacle social y educativa sea mayor. Por supuesto que el
docente no debe abandonar su trabajo permanente de lector, pero con
salarios bajos y recarga de trabajo para sobrevivir, la lectura se
transforma en un problema doble, personal y político. La
interpelación es cotidiana: ¿Cómo
enseñar a leer y escribir en un marco de diálogo entre culturas,
entre generaciones, entre diferencias? ¿Cómo generar condiciones
para un aprendizaje sostenido? ¿Cómo enseñar a leer y escribir con
docentes
que tienen toda la responsabilidad para el sistema, pero el sistema
los margina? ¿Con estas condiciones sociopolíticas y económicas,
no corremos el riesgo de ser nosotros analfabetos, porque perdemos a
diario el derecho a la lectura y la escritura?

FRONTERAS ACTUALES ENTRE
ALFABETIZACIÓN Y ANALFABETIZACIÓN. LA TRIPLE DIMENSIÓN DEL DESAFÍO
“¿Celulares,
sí o no? Una pregunta que atraviesa
las
aulas y la discusión teórica”
PABLO
CORSO, Diario La Nación,
BsAs,
12/8/2018
“Para
los hijos de los proletarios desheredados del Barrio
Saint
Marcel, las bibliotecas se arman hoja a hoja e
incluso
las que se pueden sacar del alimento cotidiano
están
raramente enteras”
JACQUES
RANCIERE
“La
noche de los proletarios”
Tampoco
es cierto que las escuelas y los docentes no intenten adaptarse al
buen uso de las nuevas tecnologías, pero las inversiones del estado
en éste rubro son bastante bajas o nulas, y además, el mundo
empieza a dar la vuelta en el camino de estos debates. Francia, por
ejemplo, decide políticamente prohibir el uso de los celulares en
sus escuelas a fines de 2018 (INFOBAE, 2018, Febrero). El filósofo
galo Gilles Lipovetsky dice hoy que, “creo que tenemos que
reintroducir una cierta exigencia en el sistema educativo” (CÁNEPA,
A., 2019 Junio, p.11). La catalana Marina Garcés cuestiona el
“analfabetismo ilustrado y la credulidad sobreinformada” de
nuestro tiempo, afirmando que, “¿qué pasa, cuando sociedades
relativamente cultas e informadas como las nuestras, al mismo tiempo
se entregan a situaciones de impotencia política y colectiva tan
grandes? (DEBAT, L., 2019 Abril, p.15). Manuel Castells busca
respuestas en este sentido, analizando las “redes de indignación y
esperanza” de los últimos años a nivel global (CASTELLS, M.,
2012).
Las
actuales nociones de alfabetización funcional piensan en éste
escalón a aquellos alumnos y personas que logran escribir, leer y
comprender un párrafo. La escuela parece estar todo el tiempo
situada en una frontera móvil entre alfabetización funcional y
analfabetismo funcional. Por lo demás, ya la escolaridad básica no
alcanza para las exigencias educativas y culturales de nuestra época.
Tenemos que repensar donde estamos parados docentes y alumnos y que
más podemos hacer. Para nosotros, la tarea y la lucha de los
docentes se debe dar en tres dimensiones simultáneas: la de la
alfabetización básica -lograr lectura y escritura elemental
con los alumnos que la necesiten, leer, pensar y comprender creadoramente con
ellos-, la de la alfabetización cultural -leer y reflexionar
cuestiones de nuestras áreas y asignaturas, de la realidad social, y
empezar a leer, por ejemplo, textos universitarios en la secundaria- y la
alfabetización política -la reflexión crítica sobre el
contexto político, ideológico, biotecnológico y social en el que
nos movemos- que nos permita renovar el sentido de la educación
pública y transformarla en un movimiento de conciencia y acción
transformadora. “Tan ilustrados como valientes”, proponía José
Artigas en los comienzos de la lucha federal.

Parece
que tenemos que seguir arreglando la canoa educativa mientras
remamos. Pensemos lo que hemos logrado y qué más podemos hacer,
dentro y fuera de las aulas por una sociedad mejor. La alfabetización
en sentido básico y en sentido ampliado a la vez la construimos
interdisciplinariamente todos los días. Todos sabemos algo e
ignoramos algo, todos nos alfabetizamos y nos formamos entre todos.
La necesidad de reforzar la lectura y escritura viene discutiéndose
institucionalmente desde hace tiempo: el año pasado fue uno de los
ejes del denominado Plan Nacional de Formación Permanente. El
Estado ya abandonó el desafío, nosotros no. Valoremos
y disfrutemos cada libro que leímos con los gurises, cada texto,
cada noticia, cada trabajo en las computadoras o usando
productivamente el celular -al que tenemos que disputarle tiempo,
memoria y utilidad-, cada proyecto y cada producción. Pensemos si es
posible elevar la vara en los tres planos de nuestra batalla
educativa. Pensemos y planifiquemos que más podemos hacer. Ranciere
nos cuenta de aquel “maestro ignorante” que logró lo que parecía
imposible con sus alumnos.
BIBLIOGRAFÍA:
-BRASLAVSKY,
B. (2003), ¿Qué se entiende por alfabetización?, en Lectura
y Vida, Revista Latinoamericana de Lectura, Junio.
-BRITO,
ANDREA (dir.) (2010), Lectura, Escritura y Educación,
Rosario, Homo Sapiens, pp. 19-47.
-CÁNEPA,
A. (2019), La reinvención del consumo, entrevista a Gilles
Lipovetsky, BsAs, Revista Ñ, Junio 1ro, p.11.
CASSANY,
D. (2006) , Tras las líneas. Sobre la lectura contemporánea,
Barcelona, Anagrama, pp. 21-43.
-CASTELLS,
M. (2012), Redes de indignación y esperanza. Los movimientos
sociales en la era de internet, Madrid, Alianza Editorial.
-DEBAT,
L (2019)., Filosofía
para derribar mitos,
Entrevista a Marina Garcés, BsAs, Revista Ñ, Abril 20, p.15.
-FERREIRO,
E. (s/f) , Leer
y escribir en un mundo cambiante,
Conferencia
expuesta en las Sesiones Plenarias del 26 Congreso de la Unión
Internacional de Editores, CINVESTAV-México.
-FERREIRO,
E. (2001) , Pasado y Futuro
del verbo leer, en Pasado
y presente de los verbos leer y escribir,
México, SEP/FCE, pp. 29-44.
-RANCIERE,
J. (2003), El
maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación
intelectual,
Barcelona, Laertes Ediciones.
-RANCIERE,
J. (2010), La
noche de los proletarios: archivos del sueño obrero,
BsAs, Tinta Limón.
ESPACIO DE FORMACIÓN DE AGMER MARÍA GRANDE
JUNIO DE 2019