Significativamente una ley aprobada por el gobierno francés en el 2005 (no 2005-158) ha salido a frenar los movimientos culturales críticos ante el pasado colonial francés, procurando zanjar salomónicamente la cuestión: hubo aspectos negativos, sí, pero también positivos, qué embromar. Después de su publicación original el debate en Francia sobre esta cuestión fue muy intenso y en 2006 el gobierno desistió de su pretensión de institucionalizar el culto colonialista. ¿Por qué presentamos ahora su versión íntegra en castellano, cuando el objeto inicial del análisis ha caducado al menos formalmente?En primer lugar, porque la cuestión es de por sí valiosa y trasciende su mero trámite legislativo. En segundo lugar, porque justipreciar los alcances del colonialismo y el racismo franceses en medio de su propia complejidad, autoanálisis, conciencia crítica, nos permite vislumbrar la importancia enorme, atroz y nauseabunda que aquellos rasgos presentan en EE.UU. donde no existe complejidad, ni salomonismo, porque su buena conciencia está a salvo de toda duda. Como bien lo tipifica Donna M. Orange, psicoanalista, “la relación con el poder y con la virtud [de la mitología fundacional de EE.UU.] hace que un sentimiento de vergüenza colectiva sea casi impensable.” (“Buscar el orgullo en la venganza”, Página 12, 5/10/2006).
Perlas educacionales de la “edad de oro”
El racismo, esa cultura natural que usufructuamos
“La abolición de la esclavitud en las colonias, adoptada por la República de 1848, produjo una conmoción terrible. Los negros abandonaron a montones las plantaciones y se abandonaron a su pereza natural.” (À travers nos colonies, Libro de lectura para nivel medio y superior, Librairie Armand Colin, 1905).
Indymedia-Leer
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